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La  Química es la ciencia que se dedica al estudio de la materia y los cambios que ésta experimenta en sus reacciones.  Proviene de la antigua alquimia, que evoca la búsqueda de la piedra filosofal o la trasmutación de la materia en oro. Y ¿no es esto acaso lo que buscamos en las empresas: revelar las propiedades de la materia (productos o servicios), transformarla (y aportar valor con el cambio) y convertirla en beneficio?

Por ello, vamos a ver que podemos aprender de la Química en la gestión de las empresas:

1.- TEORIA ATÓMICA

En 1808, Dalton publicó su teoría atómica, según la cual:

“La materia está constituida en su totalidad a partir de átomos, que poseen diferentes características entre sí. Los compuestos se forman gracias a la combinación de los átomos de dos o más elementos diferentes.”

Aunque el concepto de átomo ya venía de los filósofos griegos y su modelo de unidades indivisibles fue después muy superada, los postulados de su teoría atómica constituyeron la base de la química moderna para entender las reacciones de las sustancias.

La empresa está también constituida por unidades indivisibles, las personas, con sus características propias y que se combinan en elementos compuestos, los equipos.

El hecho de entender la importancia de las personas, que son la base de toda la organización y la estructura mínima sobre la que se construye todo lo demás y ser además conscientes de que tienen unas características personales diferentes a todas las demás nos hace poner el foco en algo realmente básico, que nada puede ser construido, realizado o fabricado sin contar con las personas. Y además que el conocer las “propiedades químicas de cada elemento” o sea, al entender la peculiaridad de cada persona, la formación de equipos estables, equilibrados y cohesionados permitirá conseguir mayor productividad y creatividad y mejores resultados.

  1. TEORÍA CINÉTICA MOLECULAR

Cualquier sustancia puede tener distintos estados de agregación de la materia, en relación con las fuerzas de unión de sus partículas. Los más conocidos son tres, sólido líquido y gaseoso (en realidad, a éstos habría que sumar el plasma y otros estados que no se producen de forma natural en nuestro entorno).

  • En el estado sólido las moléculas están muy juntas y adoptan estructuras tridimensionales de volumen definido y constante.
  • En el estado líquido, la movilidad que poseen las partículas permite que se desplacen unas respecto a otras, otorgándoles la capacidad de fluir y de amoldarse al recipiente que las contiene.
  • En el estado gaseoso las moléculas están totalmente separadas unas de otras y se mueven libremente ocupando todo el volumen y ejerciendo una determina presión contra las paredes

El paso de uno a otro estado se consigue actuando sobre la temperatura, o sea aumentando  el movimiento de las partículas (calentando) o disminuyéndolo (enfriamiento).

Son la misma materia pero tienen un comportamiento distinto. Esto nos da pie para tomar conciencia de la importancia de los estados emocionales en las personas y equipos.

En las empresas, como en la vida, las personas no siempre están en el mismo estado. Pueden estar más rígidas e inflexibles (sólidas),  pueden permitirse fluir y ser adaptables a las circunstancias (líquidas), o pueden estar en un estado disperso y sometidas a una determinada presión (gaseosas).  Si somos capaces de reconocer el estado en que se encuentran estas personas (y podemos estar seguros de todos estos estados se pueden dar en la misma persona) tendremos la capacidad de formar equipos más productivos, optimizar procesos de negociación y manejar situaciones que de otro modo nos resultarían incomprensibles.

La sola constancia de que estos estados emocionales son susceptibles de ser transformados actuando sobre la “temperatura”, o sea modificando por ejemplo el entorno agresivo y hostil de una reunión, nos proporciona una valiosa herramienta para conseguir resultados exitosos. Es importante que el estado que predomine sea el más natural para el entorno y que requiere la mínima energía. Con el ejemplo del agua, en su estado líquido a temperatura y presión normal, se puede entender cuál es el estado más adecuado para interactuar, mezclarse y diluir otras posiciones más rígidas o dispersas.

Y, en este contexto, aprovechando que hablamos de soluciones y disoluciones, me permito citar una máxima que puede parecer controvertida: “Los problemas no se resuelven, se disuelven”. Nunca puedes solucionar un problema en el mismo nivel que lo has creado, como dijo Einstein. Desde dentro del conflicto, es muy difícil encontrar respuestas porque la densidad de las emociones impide la claridad de ideas. Como hacen los científicos, lo innovador es buscar la solución en otro nivel de pensamiento, donde el problema se disuelve. A veces, incluso, en ese nuevo nivel el problema ni siquiera existe.

En otro ámbito, la teoría cinética aplicada a los gases o Ley de Gay-Lussac nos sirve también para comprender cómo al aumentar la temperatura (un entorno de más velocidad y más choques entre individuos) aumenta la presión (en términos laborales denominado estrés) siempre que se mantenga el volumen (o sea, los medios y recursos disponibles) constantes.

3.- LEY DE CONSERVACIÓN DE LA MASA

Lavoisier en 1785 evolucionó el concepto de la combustión trazando un nuevo paradigma sobre el papel del oxígeno en los procesos químicos y dando forma a la aún vigente Ley de conservación de la masa que nos dice que:

«En toda reacción química, la masa se conserva, esto es, la masa total de los reactivos es igual a la masa total de los productos».

Esta ley que inició el camino de la química moderna es de una gran aplicación en la empresa, donde se puede formular:

Por mucho que “quemes” a las personas a tu alrededor, con gritos, malos modos, acusaciones o imputación de culpas, el potencial humano (la masa) sigue siendo el mismo. Si quieres mejorar algo lo mejor que puedes hacer es contar con todos los implicados y sacar lo mejor de cada uno, con una reorganización del trabajo. Es una cualidad del líder explorar y destacar el potencial de cada persona en su actividad profesional.

En otras palabras, como la materia, el potencial humano no se crea ni se destruye durante un proceso sino que sólo se reorganiza.

Un ejemplo típico de esta ley es la reacción química del agua:      2 H2 + O2 = 2 H2O

Que para una empresa se puede redefinir como: 2 x MOTIVACIÓN + ESFUERZO = 2 x PRODUCTIVIDAD

Dobla la motivación a las personas además de valorar su esfuerzo y conseguirás duplicar su productividad. O dicho de otro modo, “Lo que das (motivación, valoración, sentido) será lo que recibirás (resultados).

En resumen; en la empresa, para poder conseguir transmutar la materia en beneficios

  • da importancia a las personas,
  • ten en cuenta sus estados emocionales y
  • motívales a explorar su potencial .

Al fin y al cabo, todo es pura Química.

(Gracias a J. K. I., mi lector químico más premiado por inspirarme este artículo)

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